
– ¿Por qué iba a hacerlo? -Harry frunció el entrecejo.
– Para evitar que le acuses.
– Y yo qué voy a decir, ¿que el tipo es un jodido gángster? Todo el mundo lo sabe.
– ¿Crees que hablo en broma? -preguntó Torres. No, lo decía en serio, estaba nervioso, pero se tomó su tiempo para acercarse al bordillo y aparcar. Se volvió en su asiento para encararse a Harry y se lo soltó-: Lo que quieren es ponerte nervioso, que creas que Jumbo quiere matarte y entonces vayas corriendo a pedir protección al Departamento de Justicia.
– Lo que siempre he querido ser -dijo Harry-, un chivato.
– Escúchame. McCormick dijo, «Lo podemos hacer de forma que Arno termine muerto y tú arrestes a Jumbo por asesinato. ¿Qué habría de malo en eso?». Después dijo que era una broma, pero no estoy seguro. Se lo pensó un poco más y se le ocurrió otra idea: «¿Y si hacemos correr el rumor de que el tal Arno le está robando a Jumbo parte de las ganancias?» -Torres siguió hablando a pesar de que Harry negaba con la cabeza-. «Jumbo actúa en consecuencia y Arno, al ver lo que pasa, se asusta y acude rápidamente a los federales.»
– Todos los encargados de los locales de apuestas que conozco roban -dijo Harry-. Se da por hecho, sólo hay que ser discreto. Puedo quedarme con cien a la semana para gastos, Jimmy está al corriente y mientras reciba su parte no dirá ni una palabra.
– Sí, pero McCormick habla de otra cosa, quiere que Jumbo crea que le estás robando cantidades importantes. -Harry volvió a mostrar su desacuerdo moviendo la cabeza mientras Torres decía-: Mencionaste la parte de Jumbo. ¿Cuánto es? ¿La mitad?
– Exactamente la mitad.
– ¿Sabe cuánto ingresas a la semana?
– Claro que lo sabe.
