
– ¿Vino a decirte que sabía que habías tomado dinero de la empresa?
Él hizo un ademán negativo con la cabeza.
– Yo había sido un poco más inteligente -le contestó, bastante deprimido-. Las… las irregularidades… en la sección financiera habían sido descubiertas, aunque en ningún momento me señalaban como culpable. Sin embargo, al ver que era Grant en persona el que venía a verme, supe que él sospechaba de mí. Pudo haber enviado a otras personas para discutir esas irregularidades que habían aparecido sólo porque, para mi desdicha, se había tomado una decisión repentina de cambiar a un sistema más sofisticado de trabajo.
– ¿Cómo supiste que Grant Harrington sospechaba de ti cuando lo viste en la puerta?
– Tú no puedes recordarlo, pero el padre de Grant y yo fuimos muy buenos amigos en los viejos tiempos. Yo respetaba a su padre -le dijo y no pudo dejar de adivinar el dolor que sentía él, mientras callaba un instante, antes de añadir con voz muy baja-, y él a mí; Grant lo sabía. De vez en cuando, él y yo charlábamos y la mayor parte del tiempo hablábamos de su padre. Creo que me consideraba como una especie de vínculo con el recuerdo de su padre a quien amaba mucho -se aclaró la garganta de nuevo y añadió-: Grant Harrington vino personalmente esa noche no por el respeto que sintiera por mí, sino por su padre muerto. Sabía que era lo que su padre hubiera esperado que hiciera, a pesar de lo que le desagradaba.
Cuando terminó de hablar se produjo un largo silencio, durante el cual Devon recordó aquella noche. Sólo ahora comenzaba a tener significado para ella la forma dura y descortés con la cual la había tratado Grant Harrington. Él había venido aquí por la sospecha de que su padre era un ladrón y ella le había confirmado lo que pensaba.
