
Charles Johnston se sirvió por segunda vez del soufflé de chocolate y después comenzó a recoger los platos de la mesa, mientras le decía:
– Mañana va a ser un día muy difícil para ti. Yo lavaré los platos y si estuviera en tu lugar me iría a acostar temprano.
– Te los dejaré lavar cuando regrese -le dijo con tono de burla, temblando ante el pensamiento de que cuando regresara no hubiera habido mejoría alguna-. Pero ya que durante varios meses tendrás que lavar los platos, hoy lo haré yo.
Una vez que terminó en la cocina, Devon comprendió que estaba bastante excitada para poder dormir y se dirigió a la sala, seguida por su padre. De forma automática, se sentó en el sofá en donde siempre lo hacía y él a su vez en su sillón preferido, pero en esta ocasión no encendió la televisión. Los dos, llenos de esperanzas, sabían que después de esa noche, cambiarían sus vidas.
Muchas veces, durante los últimos meses, Devon había estado a punto de hablar con su padre sobre las posibilidades de trabajar en el futuro, para compensarle por las enormes sumas de dinero que había gastado en ella. Sin embargo, en el momento en que iba a tratarle ese punto se escuchó el sonido del timbre de la puerta principal.
¿Quién sería? ¡Eran muy pocas las veces que alguien venía! Odiaba enfrentarse a desconocidos, odiaba a cualquiera que pudiera verla en esas condiciones.
– Iré yo -le dijo Charles Johnston, aunque era innecesario que lo dijera, pues ella no se había movido.
Durante un rato escuchó voces y se sintió segura de que sería alguien que se retiraría de inmediato, por lo que se recostó en el sofá.
Sin embargo, pronto se sintió preocupada, pues aunque la puerta se había cerrado ¡seguía escuchando voces! ¡Quienquiera que fuera, su padre lo había invitado a pasar! ¡No sólo eso… su padre lo traía a la sala! Mientras se abría la puerta de esa pieza, con un esfuerzo se sentó erguida, dando las apariencias de una joven perfectamente sana. Sabiendo que desde la puerta, el visitante no podría darse cuenta de su defecto físico, permaneció sin moverse y observó al hombre alto que se encontraba de pie justo de tras de su padre.
