
—Sí, señor. Consolidated News Service. Nuestros lectores tienen mucha curiosidad por aquel incidente de la federación de científicos de cronar. Por supuesto, no sienten respeto ni lástima por ellos, ni por la manera en que actuaron, pero exactamente ¿qué quisieron decir con eso de que el experimento era peligroso por insuficiencia de datos? Y ese tipo, el doctor Shayson, su presidente, ¿sabe si lo fusilarán?
El hombre de negro se pellizcó la nariz y se paseó pensativo delante de ellos.
—Debo confesar—dijo— que las opiniones de la federación de científicos de cronar, o federación de suspirantes crónicos, como preferimos llamarles en Pike's Peak, resultan un poquillo demasiado exóticas para mi gusto; de todas maneras, no suelo molestarme en sopesar las opiniones de un traidor. Shayson puede haber sido condenado a la pena de muerte o no, por revelar la naturaleza del trabajo que se le había confiado. Por otra parte, él… quizás sí, quizás no. Eso es todo lo que puedo decir sobre él, por razones de seguridad.
Razones de seguridad. Al oír la temida frase, cada uno de los reporteros se estiró contra el duro respaldo de su sillón. El color rosa del rostro de Culpepper fue reemplazado por un blanco brillante. No pueden echarme en cara esa pregunta sobre Shayson, pensó desesperado. ¡Pero debí callarme la boca con lo de la maldita federación!
Culpepper bajó la vista y trató de parecer tan avergonzado de los malvados idiotas como le fue posible. Esperaba que el secretario en funciones del ayudante ejecutivo para relaciones con la prensa observara su horror.
