Capítulo 2

A la mañana siguiente, mientras tomaba una ducha, Ella se sentía aún sorprendida e indignada por la actitud de Zoltán Fazekas. Si el pintor era tan amable en su propia lengua como lo había sido en inglés, ¡debía de ser encantador!

También podría ser un hombre maduro, aunque no precisamente viejo, a juzgar por el timbre de su voz.

Más tarde, al sentarse a la mesa del restaurante del hotel, la joven pensó que tal vez hubiera sido mejor esperar a que la situación en su casa mejorara. Pero ya que estaba ahí, se había comprometido a posar para su retrato.

El pensar en el ambiente que le esperaría en Inglaterra, la hizo desistir de semejante idea. El único problema era que al tal Zoltán Fazekas parecía no importarle que ella estuviera ahí. ¡Pero ella no se rebajaría a llamarlo de nuevo!

Una vez en su habitación, decidió salir a dar un paseo y conocer algo de esa ciudad dividida por el Danubio. La joven acababa de tomar su bolso de mano, cuando sonó el teléfono.

– Hola -saludó al descolgar el auricular.

– Supongo que podrás llegar hasta aquí sin ayuda -dijo una masculina voz.

– ¿Cómo? -inquirió ella. De alguna manera la actitud del artista la molestaba.

– ¡Que salgas del hotel y vengas para acá! -replicó él, en el mismo tono. Ella se sintió en extremo irritada. ¿Quién diablos se creía el tipo que era para darle órdenes? No acababa ella de escapar de un tirano para ir a dar con otro-. ¿Tienes mi dirección? -inquirió él, como si la conociera de años.

– Sí la tengo, pero…

– Mientras más pronto comencemos, mejor -la interrumpió Fazekas y una vez más colgó el auricular sin siquiera despedirse.

Ella exhaló enfurecida sin saber qué la irritaba más, si la despótica actitud del tipo, o el hecho de que parecía querer deshacerse de ella sin haberla visto ni una sola vez.



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