– Sería emocionante, ¿no crees? -contestó su madre con un repentino brillo en los ojos.

– Te lo mereces -dijo la joven en voz baja, dándole un abrazo y un beso.

Al día siguiente, Ella limpió y enceró el piso de la casa del viejo señor Wadcombe y se propuso ser una hija modelo. Por ningún motivo deseaba darle una excusa a su padre para estropear el viaje de su madre. Además, casi estaba segura de que Zoltán Fazekas no aceptaría pintar su retrato. Y por otro lado, si Ella le dio a su padre la impresión de que con gusto posaría para el pintor, no había razón para sacarlo de su error.

Esa noche, durante la cena, Rolf Thorneloe no hizo mención alguna del cuadro. Y convencido de que su hija al fin estaba de acuerdo en dejarse pintar, ¡hasta le preguntó cómo había pasado el día!

– Estuve aseando la casa del señor Wadcombe -contestó ella, sorprendida, al ver a su padre sonreír como si aprobara su trabajo de voluntaria.

A la mañana siguiente, Ella se sentía con energía y como tenía tiempo libre, condujo hasta la aldea cercana para ayudar a Jeremy Craven a ejercitar los caballos de la familia. Jeremy era -un año mayor que Ella y siempre fueron buenos amigos, pero nada más. Hatty Anvers, otra amiga del grupo, llegó cuando cepillaban a los animales. Y poco tiempo después, los tres charlaban acerca de la fiesta que Hatty estaba organizando para su cumpleaños número veintiuno.

– Me parece recordar que hiciste una enorme fiesta cuando cumpliste los dieciocho -comentó Jeremy.

– ¿Qué tiene eso que ver ahora? -exclamó Hatty, desafiante.

– Nada -respondió él de inmediato… y todos empezaron a reír.

Más tarde, Ella regresó a su casa de muy buen humor.


Un mes después, a Ella le parecía increíble que no hubiera habido ninguna riña familiar durante todo ese tiempo. Por lo general no pasaba ni una semana antes que su padre encontrara defectos en algún miembro de la familia. Aunque tenía que admitir que ella se había portado lo mejor que podía. Y también que hubo momentos tensos cuando tuvo que permanecer callada ante algún comentario hiriente de su padre. Mas si ese era el precio para que su madre hiciera el viaje a Sudamérica el domingo próximo, estaba dispuesta a pagarlo.



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