
Esa noche, Ella se fue a la cama rabiando de impotencia. Debió haber sabido que el hecho de que su padre no mencionara la pintura durante todo el mes, no quería decir que lo hubiera olvidado.
La enfurecía aún más el pensar en la fotografía que él con seguridad había mandado a Fazekas. Cuánto deseó entonces no haber dado su brazo a torcer cuando su padre le pidió una fotografía de ella y su madre para ponerla en su escritorio.
Esa noche le fue difícil conciliar el sueño y antes de hacerlo, hasta el pintor había despertado hostilidad en su corazón. ¿Por qué diablos había Fazekas aceptado el trabajo? De seguro rio porque necesitara el dinero. ¿No tendría nada mejor en que ocupar su tiempo?
A la mañana siguiente, Ella llevó a su madre al aeropuerto sin dar muestras de la furia que sentía.
– Ahora olvídate de todos nosotros y concéntrate en gozar de tu viaje. No te molestes en escribir o en mandar postales si no tienes ganas o si te estás divirtiendo mucho. -Por supuesto que les enviaré algunas postales -le aseguró su madre. Ella la miró y sonrió, dándole un afectuoso abrazo para despedirse de ella pues no la vena en seis semanas.
El domingo transcurrió con Ella tratando de evitar a su padre tanto como le fuera posible. La joven no tenía ningún deseo de enfrascarse en otra discusión con él.
Mas el esquivar a su padre, no evitaría lo irremediable. El lunes por la noche, al terminar la cena, él le indicó que deseaba verla a solas en el estudio.
– Esta es la dirección de Zoltán Fazekas y su número telefónico -le indicó, dándole una tarjeta que sacó de su escritorio-. He puesto algo más de dinero en tu cuenta.
– No necesito más dinero -contestó ella.
– Claro que lo necesitarás. Puedes partir cuando quieras.
– ¿No que querías que mamá y yo nos quedáramos a atenderte?
– Creo que sobreviviré -replicó él, serio.
Ella salió del estudio pensando que era muy tarde como para reservar un boleto de avión. Además, nadie podía partir así como así. El martes ella había decidido que era por completo ridículo viajar hasta Hungría.
