
No obstante, y a fin de desagraviar a Frances, Polly hizo todo lo posible por mantenerse fuera de la línea de visión de Sam Cleary durante el viaje a Abinger Manor. Se dirigió al minibús en compañía de Cleve Houghton e hizo el trayecto hasta Buckinghamshire en un asiento al otro lado del pasillo muy concentrada en una seria conversación.
Estas dos actitudes, naturalmente, no le pasaron inadvertidas a Noreen Tucker, a quien, como hemos visto, le gustaba sembrar cizaña siempre que le era posible.
– Es evidente que nuestra Polly quiere algo más que un simple cracker
Ralph no respondió; siempre resultaba difícil saber si estaba despierto o simplemente permanecía sonámbulo a lo largo del día. De modo que Noreen dio un vistazo a su alrededor para ver si encontraba a alguien que le prestase atención. Y encontró a Howard Breen, que se hallaba al otro lado del pasillo. Estaba hojeando el folleto que les habían proporcionado a todos sobre las glorias de Abinger Manor.
– No importa la edad cuando hay dinero de por medio, ¿no te parece, Howard? -le comentó.
Éste levantó la cabeza y dijo:
– ¿Dinero? ¿Para qué?
– Dinero para chucherías. Dinero para viajar. Dinero para llevar una vida más lujosa. Él es médico. Está divorciado. Tiene dinero a montones. Y ella no ha parado de babear con las diapositivas de Victoria desde el primer día de clase, por si no te has fijado. Así que, ¿crees que no le encantaría llevarse de recuerdo a Chicago un par de antigüedades? ¿Y no es Cleve Houghton el hombre apropiado para comprarle alguna ahora que Frances ha metido en cintura a Sam Cleary?
