Howard bajó el folleto que tenía en las manos y miró a Emily Guy, su compañera de asiento, para que le interpretase los comentarios de Noreen.

– Se refiere a Polly y a Cleve Houghton -le aclaró Emily; y añadió en voz baja-: Antes eran Polly y Sam, pero ahora ha sustituido a este último por Cleve.

– El dinero lo es todo para una muchacha así -le aseguró Noreen-. Créeme, si tuvieras un par de automóviles antiguos también iría detrás de ti, Howard, a pesar de tus… bueno, de tus preferencias sexuales, si me permites decirlo así. Considérate afortunado de poder escapar.

Howard echó una mirada en dirección a Polly, que gesticulaba con las manos para ilustrar algún argumento que aducía en la conversación.

– ¡Maldición! -exclamó-. ¿Escapar? Yo no quiero escapar. Yo siempre he hecho a pelo y a pluma. Si hay luna llena y sopla el viento del este, estoy a punto para el apareamiento. Tanto es así, Noreen, que en realidad estos últimos días ha empezado a parecerme que estás la mar de buena.

Noreen se puso algo nerviosa.

– Pues yo no pienso…

– Sí, ya me he dado cuenta de que no piensas -la interrumpió Howard muy sonriente.

Noreen no era de las que se dejan acoquinar así como así, y tampoco era una mujer que respondiera a una pulla atacando de frente.

Se limitó a sonreír y dijo:

– Pues si hoy tienes esas inclinaciones, Howard, me temo que no podré ayudarte, porque ya tengo compromiso. Pero seguro que nuestra Emily se mostrará encantada de complacerte. Incluso me atrevería a decir que lo está deseando. El interés de un hombre puede hacer que la mujer piense… bueno, que todo es posible, ¿no es cierto? Incluso que el pelo se le cambie por pluma a ese hombre de modo permanente. Espero que sea eso lo que te gustaría que sucediese, Emily. Al fin y al cabo toda mujer necesita a un hombre.



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