
Emily se acaloró y le subieron los colores a pesar de que no había manera posible en este mundo de que Noreen Tucker se hubiese enterado de su pasado reciente, de las esperanzas que ella había puesto en una relación amorosa que parecía el típico caso de dos seres hechos el uno para el otro que por fin se encuentran, pero que había resultado no ser otra cosa que un sórdido intento de convertir en algo especial lo que en realidad no era más que una serie de acoplamientos apresurados en diversos hoteles, lo que la había dejado con la sensación de estar ahora más sola que antes.
Así que no fue la primera persona aquel día en pensar que Noreen Tucker sería más útil a la humanidad si se la borrase del planeta.
Sentada en la parte delantera del autocar, Victoria Wilder-Scott se había pasado la mayor parte del viaje a través de la campiña explayándose sobre las bellezas de Abinger Manor. Se encontraba en plena perorata cuando el autocar se metió por un camino arbolado.
– Así pues, la familia continuó siendo incondicionalmente monárquica hasta el fin. En la torre norte verán ustedes el escondite donde se ocultó Carlos I antes de escapar al continente. Y en esa larga galería se les desafiará a que encuentren una puerta secreta que queda totalmente disimulada. Fue por esa puerta por donde el rey Carlos emprendió la huida aquella fatídica noche. Y debido a la continuada lealtad que la familia mostró hacia él, más tarde se le concedió al propietario de la casa el título de conde. Ese título ha ido pasando de generación en generación, como es natural, y aunque el actual conde sólo viene a la finca los fines de semana, su madre, que por cierto es a su vez hija del sexto conde de Asherton, vive habitualmente aquí, por lo que no sería sorprendente que nos tropezáramos con ella. Tiene fama de mezclarse a menudo con los visitantes. Es una mujer un poco excéntrica… cosa que sucede con frecuencia con esta clase de personas.
