En otras circunstancias cualquiera que hubiese oído todo aquello sin querer habría guardado el secreto del contratiempo matrimonial. Pero a Noreen Tucker le gustaba ser el centro de la atención. Y como hasta el momento no se le había hecho demasiado caso en los treinta años que llevaba dedicándose a escribir novelas de amor, trataba por todos los medios de conseguir el reconocimiento de la audiencia.

Y eso fue lo que intentó hacer la mañana del Día en Cuestión mientras otros miembros de la clase de Historia de la Arquitectura Británica se hallaban reunidos compartiendo el pan en el lóbrego comedor de St. Stephen's College. Vestida con ropa de Laura Ashley y un sombrero canotier de paja, pues albergaba la errónea creencia de que pretender aparentar juventud equivalía a ser joven, Noreen hizo partícipes a los presentes de los detalles más destacados de la discusión que había tenido lugar aquella madrugada en la habitación de los Cleary. Se inclinaba hacia delante mientras miraba a escondidas a derecha e izquierda para subrayar tanto la importancia como la naturaleza confidencial de la información que les iba a proporcionar.

– No podía dar crédito a mis oídos -les explicó casi sin aliento a sus compañeros a modo de resumen-. ¿Quién tiene un aspecto más tranquilo que Frances Cleary? Decidme, ¿quién? ¿Y quién iba a creer que conociera siquiera la existencia de semejante lenguaje…? Es que me quedé de piedra al oírlo, de veras. Me sentí completamente avergonzada. No sabía si ponerme a dar golpes en la pared para que se callase o salir a buscar ayuda. Pero imagino que el portero no habría querido involucrarse aunque yo hubiese ido a buscarlo. De todos modos, si me hubiera decidido a meterme por medio, siempre cabía la posibilidad de que Ralph, aquí presente, se hubiese visto obligado a intervenir para defenderme, ya sabéis. Y yo de ninguna manera podía arriesgarme a ponerlo a él en peligro, ¿no os parece? Quizás Sam le hubiese pedido que saliera de la habitación, y Ralph, aquí presente, no se encuentra en condiciones de meterse en una reyerta con nadie. ¿Verdad, cariño?



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