
– Los he dejado en la habitación – le dijo Ralph con la nariz metida en el tazón de cereales.
– Pues asegúrate de no olvidártelos allí – repuso su mujer-. Ya sabes cómo estás.
– Como estás es dominado – fue la descripción que ofreció Cleve Houghton al tiempo que se sentaba a la mesa y se unía al grupo -. Lo que le hace falta a Ralph es ejercicio y no esa basura que le das de comer, Noreen.
– Mira quién habla de basura – fue la réplica de Noreen, a la que acompañó una significativa mirada al plato que él llevaba en la mano lleno a rebosar de huevos, salchichas, tomates asados y champiñones -. Yo no me daría tanta prisa en empezar a arrojar piedras, Cleve, querido. Seguro que eso no es bueno para las arterias.
– Me he hecho doce kilómetros por carreteras secundarias esta mañana – replicó Cleve -. He llegado hasta Grantchester sin tener la menor dificultad para respirar, así que tengo las arterias de primera, gracias. Vosotros también deberíais intentar correr un poco. Demonios, es el mejor ejercicio que se conoce para el ser humano. – Se echó hacia atrás el cabello espeso y oscuro, algo de lo que un hombre de cincuenta años podía sentirse orgulloso, y justo en aquel momento vio que Polly Simpson entraba en el comedor. Enmendó el comentario inmediatamente diciendo-: Bueno, el segundo mejor ejercicio.
Y sonrió con indolencia al tiempo que miraba con ojos tiernos en dirección a Polly.
Noreen se echó a reír con disimulo.
– Cielos, Cleve. Refrénate. Creo que ya está comprometida. Y corren rumores sobre ella.
Noreen utilizó su propio comentario a modo de introducción para volver a ocuparse del tema que ya había abordado antes de que Cleve hiciera aparición en escena. Pero en esta ocasión añadió pocas noticias más, la mayor parte referidas a Polly Simpson, a quien denominó Gamberra Innata; y afirmó que ella, Noreen, ya la había señalado con el dedo el Primer Día como probable causante de disensiones entre todos ellos.
