– Jamás llamo por el nombre de pila a las estudiantes en horario de clase -contestó él entrando en el vehículo y cerrando la puerta.

– ¿Y fuera de clase? -volvió a preguntar ella con descaro.

– Cuando se trata de una estudiante, jamás hay momentos «fuera de clase».

Aquella regla solo la había roto con Blaire, y había sido el peor error de su vida. Alik tenía la sensación de que se pasaría toda la eternidad pagando por ese error. Pero aquella noche, por fin, todo se dilucidaría.

Alik echó marcha atrás y pisó con fuerza el acelerador deseando casi que la agresiva señorita Sandy Cali mordiera el polvo y tomara buena nota de su respuesta. Con Blaire, en cambio, había sido todo al revés. Había sido él quien la había perseguido… hasta que ella se había dejado pillar…

Blaire había faltado al primer examen de su asignatura y había telefoneado a su despacho con la excusa de que no había podido presentarse por tener un fuerte constipado. Acostumbrado a las tretas de las estudiantes, que confiaban en su belleza personal a la hora de conseguir ciertos favores, Alik no la había creído y le había exigido que se presentara de inmediato ante él. Estaba dispuesto a hacerle un examen oral si el problema consistía en que no podía escribir.

Sin embargo, la despampanante estudiante pelirroja que se presentó en su despacho tenía realmente un fuerte constipado. Debía tener unos diez o doce años menos que él, y parecía débil, tenía las mejillas sonrosadas a causa de la fiebre.

Alik posó inconscientemente el dorso la mano sobre aquella mejilla despejada. Estaba ardiendo. Aquel ligero contacto sorprendió a Blaire, cuyos ojos grises se fusionaron con los de él. En aquel instante Alik sintió que una misma corriente los atravesaba a los dos.

– Perdona que no te creyera -susurró él bajando la mano-. ¿Cuándo has notado que comenzabas a estar constipada?

– Esta mañana.



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