– Tenemos un hijo que nació el día diecinueve de agosto. Ahora tiene seis semanas, y fue bautizado con el nombre de Nicholas Regan Jarman.

Aquello era lo más duro que había tenido que hacer jamás, a excepción de la ocasión en que tuvo que decirle que no podía casarse con él. Sin embargo, una vez comenzado todo, tenía que continuar. Y así lo hizo:

– Tienes derecho a saber que eres padre, sobre todo porque dentro de dos meses voy a casarme con otro hombre, que será quien críe a tu hijo.

Era mentira, no había ningún otro hombre. Jamás habría ningún otro hombre. Sin embargo, resultaba imperiosa la necesidad de que Alik creyera que estaba comprometida con otro. El anillo que llevaba se lo había prestado su tía. La posición de Blaire era precaria, necesitaba pruebas que autentificaran que decía la verdad. La palidez del rostro de Alik se hizo aún más patente. Era el rostro de alguien que había sufrido un shock.

– Ocurre que en mi opinión este tipo de noticias deben darse en persona -continuó Blaire-. O, al menos, tú te lo mereces, pero no pude venir hasta que Nicky y yo pasamos la revisión médica, antes no podíamos viajar.

La expresión sarcástica de las cejas de Alik fue suficiente para mostrar con claridad lo que pensaba de toda aquella fantástica historia. Él dio un paso amenazador hacia ella. Aquel movimiento atrajo la atención de Blaire sobre su pecho, bien definido bajo la camiseta blanca, y sobre los poderosos músculos de sus piernas, visibles bajo los pantalones vaqueros. Su fuerte masculinidad la sobrecogía. Hacía mucho tiempo que no se tumbaban juntos ni se besaban hasta perder el sentido.

– Estoy seguro de que, de haber querido de veras que creyera esa fantástica historia, habrías traído contigo la prueba del delito.

Aquella cruel broma la hería como un cuchillo. Blaire respiró hondo.

– La habría traído, pero tu hijo es clavado a ti, y sé que nadie de por aquí me conoce ni sabe nada de nuestra relación, así que preferí respetar tu intimidad y lo dejé en el hotel, en manos de una niñera. De ese modo no te ponía en evidencia. Ni siquiera los estudiantes que me señalaron tu remolque saben quién soy.



6 из 138