– Wernigerode -dije-, eso está en las montañas Harz, ¿no?

Cabeceó asintiendo.

– He venido a Berlín a dar una serie de conferencias en la universidad. Esta mañana he recibido un telegrama en el hotel, el Mitropa…

Fruncí el ceño, tratando de recordar el hotel.

– Es uno de esos hoteles búnker -dijo Novak. Durante un momento pareció inclinado a hablarme de ello, pero luego cambió de opinión-. El telegrama era de mi mujer, instándome a interrumpir mi viaje y volver a casa.

– ¿Por alguna razón en particular?

Me dio el telegrama.

– Dice que mi madre no está bien.

Desdoblé el papel, miré el mensaje mecanografiado y observé que lo que realmente decía era que estaba gravemente enferma.

– Lo siento.

El doctor Novak negó con la cabeza.

– ¿No la cree?

– No creo que mi esposa enviara esto -dijo-. Puede que mi madre sea anciana, pero tiene una buena salud extraordinaria. Hace sólo dos días que estaba cortando leña. No, sospecho que es una treta de los rusos para hacerme volver lo antes posible.

– ¿Por qué?

– Hay una enorme escasez de científicos en la Unión Soviética. Me parece que intentan deportarme para quetrabaje en una de sus fábricas.

Me encogí de hombros.

– Entonces, ¿por qué dejarlo venir a Berlín?

– Eso sería conceder a la Autoridad Militar Soviética un grado de eficacia que sencillamente no tiene. Sospecho que la orden de mi deportación acaba de llegar de Moscú y que la AMS quiere que vuelva lo antes posible.

– ¿Ha telegrafiado a su esposa? Para que le confirme el telegrama.

– Sí. Lo único que me ha dicho es que tengo que volver enseguida.

– Así que quiere saber si los ivanes la han cogido.

– He ido a la policía militar, aquí en Berlín -dijo-, pero…

Su hondo suspiro me informó del éxito que había tenido.



3 из 315