– Ruby, ¿puedes reorganizarme toda la tarde? -dijo, sin creer muy bien lo que estaba diciendo.

Si no cerraba ese trato a lo largo de la tarde, perdería miles de dólares. Pero no podía evitarlo. Cuando Marcus tomaba una decisión, ésta era irrevocable.

– Si lo atrasas todo unas horas -continuó diciendo-, acompañaré a Rose. Veré a Charles Higgins con ella -afirmó ante la mirada sorprendida de su ayudante.

– Tu… -empezó a decir Rose.

Marcus no tenía ninguna duda sobre lo que la chica pensaba de él. Seguía allí sentada, con el cabello rizado revuelto y su pecoso rostro libre de maquillaje. Aún tenía el pegote de jalea junto a la oreja, y seguía mostrando el mismo antagonismo hacia él. Tal vez fuera por el traje, pensó Marcus. O por la presencia de su ayudante, por el poder que irradiaba… Fuera por lo que fuese, Rose lo miraba con desprecio.

– ¿Porqué no? -preguntó él, mirando a Rose y a Ruby. Ambas mujeres lo observaban como si se hubiera vuelto loco.

– El proyecto es importante -murmuré Ruby, pero Marcus detectó el comienzo de una sonrisa en sus ojos, normalmente inexpresivos.

– Lo sé. Pero confío en que lo mantengas todo en orden hasta que vuelva.

– ¿Y eso cuándo será?

– Dentro de un par de horas.

– Será mejor aplazarlo hasta mañana -sugirió Ruby. En esa ocasión Marcus pudo ver claramente una sonrisa-. Curar un tobillo, comprar ropa y enfrentarse con un abogado lleva algo más de tiempo.

– Hmmm… Tal vez tú te podrías ocupar del tobillo y de la ropa -dijo algo inquieto-. Después yo podría llevarla a ver a Charles.

– ¡No! -sorprendentemente, Ruby negó con la cabeza en claro desacuerdo-, No, señor Benson, yo no debería hacer eso. Es un gran gesto por su parte, y sería injusto que yo lo privara de él.

– Ruby…

– Oíd -aún sentada algo más abajo, Rose estaba conteniendo la respiración. Y la dignidad-. No es necesario nada de esto. Como ya he dicho, no necesito ayuda.



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