– Lo mataré -murmuró, recostándose en el sillón y mirando su pierna vendada.

– Tienes suerte. El tobillo no está roto, pero tienes una buena contusión -le había dicho uno de los médicos-. Espera un poco, las enfermeras te darán unas muletas.

Todavía enfadada y con Marcus sin decir palabra a su lado, Rose se dirigió a recepción. Y se enfureció aún más cuando él pagó.

– Yo puedo pagar.

– Sí -contestó Marcus con amabilidad-, pero fue culpa mía. Deja que pague.

– Dinero -susurró ella-. La solución para todo. Mientras puedas exprimir al mundo entero para conseguir más.

Aún quedaba el asunto de la ropa, así que con Rose cómodamente sentada en la limusina, Marcus le pidió a Robert que los llevara a la Quinta Avenida.

– Sólo necesito asearme un poco y estaré bien -le dijo ella, pero Marcus negó con la cabeza.

– No. Charles nunca te dejaría entrar en su despacho con esa pinta.

– Pero…

– Pero nada. Es ridículo volver allí y esperar una cita que no vas a conseguir. Deja que te ayude -pero Marcus no podía creer que estuviera haciendo aquello. ¿Se había vuelto loco?

El nunca se involucraba en nada, y sin embargo se estaba ofreciendo a todas aquellas cosas. Pero Rose no esperaba nada de él. Podía irse en ese mismo momento y no habría consecuencias. Nunca volvería a saber nada de aquella mujer.

Pero no podía hacerlo. Miró a Rose y descubrió desafío en su rostro. Pero también había desesperación. De ninguna manera podía dejarla.

Deseaba ayudarla, pasara lo que pasase. Por pernera vez en muchísimos años Marcus Benson quería involucrarse.

Capítulo 2

Marcus pensaba que conocía a las mujeres, pero estaba equivocado. La tienda a la que llevó a Rose también fue una equivocación.

Una mujer con la que había salido una vez le había dicho que la tienda tenía una ropa formal fabulosa, pero Rose no hacía mas que miar a su alrededor con sospecha. Las empleabas reaccionaron dé la misma manera: sonrieron a Marcus y fueron cautelosas y fríamente amables con la vagabunda que iba con él.



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