
– Lo siento -no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. ¿Cómo se había metido en aquel lío?
Podía irse sin más, no tenía por qué insistir, ¿Por qué entonces seguía haciéndolo? Lo único que sabía era que quería saber más.
– ¿Podemos empezar otra vez, por favor? -preguntó Marcus. Ella se sorbió la nariz y lo miró con suspicacia,
– ¿Empezar otra vez?
– No sé cómo como hemos llegado a esta situación -admitió él-. No tengo ni idea de lo que está pasando, pero quiero ayudar. Tampoco sé por qué quiero hacerlo, pero así es -rozó ligeramente una mano de Rose.
Sabía que ella aún tenía el deseo de salir corriendo. Él también lo tenía,
– Dime lo que necesitas-le dijo-. ¿Que puedo hacer para ayudarte?
Ella inspiró profundamente. Estaban en la Quinta Avenida, rodeados de gente elegantemente vestida. Marcus no desentonaba en aquel ambiente, pero ella sí. Pero evidentemente no estaba pensando su aspecto. Miró a Marcus durante unos seguidos e hizo una confesión.
– Necesito comer algo.
– ¿Tienes hambre?
– Perdí el bocadillo, ¿recuerdas? No he desayunado y el bocadillo era todo lo que tenía para comer. Y también necesito un billete de metro para llegar a donde me alojo. Tengo que quedarme hasta mañana… para el funeral de la tía Hattie. Fui una estúpida al intentar ver a Charles. Ahora… Ahora sólo quiero irme a casa.
– De acuerdo, me encargaré de tu transporte. Pero antes, deja que te dé de comer. No -sacudió la cabeza al ver que ella daba otro paso atrás. Sabía lo que Rose estaba pensando. El dinero no la impresionaba, sino que la hacía huir-. Hay un pequeño restaurante muy cerca, y no es caro. Por lo menos, admite que te debo una comida. ¿Puedes aguantarme un poquito más?
Ella lo miró confundida, balanceándose con las muletas y observándolo pensativa. No era el tipo de mirada que Marcus estaba acostumbrado a recibir de las mujeres. Decir que lo desconcertaba era quedarse corto.
