
– Pero…
– Termínate la soda -dijo Marcus, levemente consciente dé lo que estaba haciendo. Se estaba involucrando cada vez más-. No debemos hacer esperar a Charles, ¿no?
Volvieron a intentarlo con la ropa, pero esa vez Marcus apostó por algo más normal. Fueron a unos grandes almacenes de precio asequible y Rose escogió una falda sencilla, una blusa y unas sandalias de tiras. Estaba fabulosa, decidió Marcus, y se preguntó por qué las mujeres llevaban trajes de tres mil dólares cuando podían estar tan atractivas con ropa más barata.
Pero Rose no era cualquier mujer. Estaba fantástica con cualquier cosa, pensó mientras Robert los llevaba de vuelta a las oficinas de Higgins.
El único problema era que ella estaba un poco pálida. Se agarraba las manos con tanta fuerza que Marcus podía ver cómo se le ponían blancos los nudillos. Pero mantenía la conversación mientras pasaban Central Park.
– Siempre he querido ver Central Park -le dijo-. Desde que era una niña soñaba con montar a caballo en Central Park.
– ¿Eres una chica de campo?
– Ya te lo dije, vivimos en una granja. Ordeño vacas para ganarme la vida.
¿Vivimos? ¿Quiénes? Bueno, no importaba… ¿o sí?
– ¿Vives en una granja y sueñas con venir a Nueva York para montar a caballo?
– Es diferente -Rose sonrió levemente y Marcus vio que aún se agarraba las manos con fuerza. Tuvo que luchar contra el impulso de tomar esas manos entre las suyas-. A John Lennon le encantaba este parque, y también a Jackie Kennedy.
– ¿Admirabas a Jackie Kennedy? -preguntó Marcus.
– Tenía clase.
– ¿Y John Lennon?
– Sus gafas eran muy sexys -contestó ella.
– ¿De verdad? -dijo Marcus débilmente, y fue recompensado con una pequeña risa. Sus manos, observó con satisfacción, estaban empezando a relajarse-. ¿Y quién más crees que era sexy? ¿Paul? ¿George? ¿Tal vez Ringo?
– Ringo era sexy -afirmó ella-. Mucho. Cada vez que veo los video clips pienso que era usa monada.
