– Rose, espera -la llamó. Ella se detuvo y se giró.

– ¿Sí? -estaba delgada y pálida, y casi parecía etérea, como si fuera a desvanecerse.

Y eso era lo que él quería… ¿o no? Marcus nunca se involucraba. Había hecho una promesa mucho tiempo atrás y nunca había estado tentado de romperla. Hasta ese momento, cuando las posibilidades eran romper la promesa o ver cómo Rose regresaba a Australia con sus problemas.

Marcus ni siquiera sabía cuáles eran sus problemas. Casi no la conocía a ella. Tenía un trato millonario que cerrar, una cita aquella noche con una mujer por la que muchos hombres matarían, tenía una vida en Nueva York…

Rose lo miraba con actitud interrogante. Estaba esperando a que por fin la dejara libre y pudiera marcharse. Pero él no podía dejar que se fuera, y sólo había una forma de evitar que lo hiciera.

– Hay una manera por la que puedes casarte antes del miércoles -dijo Marcus. La gente que estaba a su alrededor se detuvo, atónita. Rose estaba totalmente asombrada.

– ¿Cómo? -dijo en un susurro. Estaban separados unos metros y había gente entre ellos. Marcus vio cómo sus labios se movían, y leyó en sus ojos que la estaba entreteniendo inútilmente,

Pero no era así. Él sabía lo que tenía que decir, y cuando lo dijera, sería lo correcto. Sería incluso inevitable.

– Cásate conmigo.

Capítulo 3

Rose no podía creer lo que acababa de escuchar. Para ella el mundo se acababa, Tenía que enterrar a su tía al día siguiente, ignorando el dolor que le causaba el testamento. Tenía que volver a casa y decirles a los chicos que no tenía ni idea de cuál sería su futuro. O eso o… O enfrentarse a un hombre que, a unos metros de ella, acababa de hacerle una proposición descabellada.

– ¿Cómo dices? -preguntó finalmente. Los peatones que había a su alrededor se rieron y se detuvieron para ver cómo terminaba aquella historia:



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