– ¿Cómo demonios puede funcionar?

Pero quince minutos después, cuando se había calmado lo suficiente para escuchar, empezó a considerar la propuesta. -Haré que mis abogados examinen el testamento esta tarde -le dijo Marcus-. Si todo lo que necesitas es casarte, estaré encantado de ayudarte.

Rose se sentó a una mesa frente a él. Habían entrado en la primera cafetería que encontraron, y Rose se sentía como si la hubieran dado un mazazo.

– Pero… solamente me tiraste la comida, y aquí estás, ofreciéndote a casarte conmigo. ¿Por qué?

– No me gusta Charles Higgins.

– Pues échalo del edificio, pero no hagas esto. Te estás metiendo en un lío.

– No, no es verdad -contestó, negando con la cabeza-. Simplemente te estoy proponiendo matrimonio. Firmamos unos papeles y ya está. Y, a pesar de lo que dijo aquella mujer, también firmamos un acuerdo prematrimonial que diga que no tenemos poder sobre las propiedades del otro después del divorcio. Y cuando la herencia se haya llevado a cabo, nos separamos. Mis abogados pueden ocuparse de eso.

– Pero… sigo sin entender. De acuerdo, no te gusta Charles Higgins, pero no es una razón para hacer esto. Resolvería todos mis problemas, y es tan importaste para mí que estoy tentada a aceptar tu plan. Pero tiene que haber un truco. ¿Qué quieres a cambio?

Él dudó y Rose lo observó, pensando en la proposición. Era una locura.

– Sería bueno para ti -contestó Marcus-. No se si puedes entenderlo, pero es importante para mí.

– No, no lo entiendo. Explícamelo.

– Me gustaría ayudar.

– ¿Haciendo de mecenas de una pobre chica? -Rose se ruborizó y bajó la vista-. Lo siento, he sido muy desagradable.

– ¿Así es como te hace sentir mi proposición?

– Sí, así es. Por fin lo entiendes.

– ¿Que es mucho más difícil recibir que dar? Sí, eso lo entiendo-dijo Marcus.

– No sé nada sobre ti.

– Rose, vengo de una familia en la que sólo podíamos recibir -la miró a los ojos con firmeza-.



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