No había otra opción. Mi madre recibía ayuda social y yo tuve que pelearme con todo el mundo para llegar a donde estoy. Tuve que aceptar ayuda de gente a la que preferiría no deber nada. Pero ahora estoy en condiciones de dar. Eso no significa que espere devoción incondicional; con un gracias me vale, y luego cada uno seguirá con su vida. Y tal vez algún día tú puedas hacer lo mismo por otra persona. Rose, cásate conmigo y acabemos con esto.

– ¿Cómo demonios voy a hacer eso?

– Es fácil. Conseguimos una licencia y nos casamos. Habrá algunas formalidades que tengamos que pasar, pero seguro que con dinero todo se agiliza. Para algo tengo el mejor equipo legal de Nueva York. Dijiste que tenemos hasta el miércoles.

– Sí, pero…

– Eso es pasado mañana. No pasa nada, podemos hacerlo -afirmó él.

– ¿Y si encuentras a la mujer de tus sueños la próxima semana?

– Eso no va a ocurrir.

– ¿Por qué no? ¿Eres gay? -preguntó Rose con curiosidad.

La pregunta lo sorprendió, y por un momento se quedó con la boca abierta.

– No, Rose. No soy gay.

– ¿Y qué otra razón puedes tener para no casarte?

Marcus dudó y Rose pensó que parecía a punto de hacer una confidencia, algo que seguramente rara vez hacía. Había algo en ese hombre que lo hacía ser muy reservado.

– Mi madre se casó cuatro veces -dijo finalmente-. Cada celebración la vivía intensamente, como una novia tradicional, y en cada ocasión me decía que aquella vez habría un final feliz. Pero siempre elegía perdedores, y cada boda nos metía en problemas. Así que me dije que eso jamás me ocurriría a mí, que nunca haría esos votos. Algunas cosas se inculcan, Rose, y no pienso cambiar de opinión ahora.

– Siento mucho que tu madre no tuviera suerte cuando se casó, pero hay un montón de gente en el mundo que piensa que casarse es una buena idea.

– También hay otras cosas, como depender de alguien. Aprendí muy pronto que la independencia es mucho mejor-afirmó Marcus.



34 из 106