– ¿Más fácil?

– Probablemente sí-admitió él.

Tal vez tuviera razón, pensó Rose. Pero ella jamás había podido ser independiente. Tampoco era el momento de pensar en ello, porque estaba sentada frente a un hombre que le ofrecía una solución a todos sus problemas. Pero no sabía nada de él. Su proposición era absurda.

Marcus la miraba, esperando una respuesta.

– No te conozco. Podrías ser un timador.

– Sí, claro. Pero si aceptas te estarías arriesgando, según tú, a perder tu mitad de la granja, mientras que si no lo haces, se la cederías definitivamente a Charles.

– Pero… no puedo -dijo ella.

– ¿Por qué no? ¿Hay alguien más con quien quieras casarte?

– No, pero…

– Ahí lo tienes. Tómalo o déjalo. No estoy muy seguro de por qué te estoy ofreciendo esto, pero me parece sensato. ¿Te casarás conmigo, Rose? ¿Por to menos hasta el viernes?

Ella lo miró totalmente sorprendida.

– Estás hablando en serio…

– Por supuesto que sí.

A Rose le daba vueltas la cabeza. Estaba penando en un millón de cosas a la vez, pero por encima de todos sus pensamientos estaba la idea de que tal vez pudiera conservar la granja…

– Rose -Marcus le tomó una mano-. Rose, no necesitas comprenderlo. No puedes, porque casi no lo entiendo ni yo. Lo único que tienes que hacer es confiar en mí y decir que sí.

Como si fuera tan fácil… Aunque en realidad, pensó Rose, tal vez no fuera algo tan trascendental. La gente se divorciaba cada día. Al fin y al cabo, el matrimonio se reducía a un documento que se podía anular en cualquier instante. Y los chicos estarían seguros…

Se mordió el labio inferior y miró a Marcus a los ojos. Él parecía tranquilo y aún le sostenía la mano, esperando.

– De acuerdo -dijo en un susurro-. No tengo ni idea de por qué quieres hacer esto, pero te lo agradezco mucho. Sí, me casaré contigo. Cuanto antes, mejor.



35 из 106