
Marcus dejó a Rose con Robert para que la llevara a su hotel y él se concentró en la boda. Aunque le había dicho que podía organizaría para el miércoles, no sabía si seria posible. Y cuando un hombre estaba en esa situación, recurría a su ayudante.
Sacó a Ruby de la sala de reuniones donde ella había estado manteniendo las cosas bajo control. La inalterable Ruby empezaba a sentir la presión, y cuando, ya en el despacho de Marcus, éste le dijo que quería que organizara su boda, fue incapaz de responder.
Tuvo que beber un vaso de agua para calmarse y comprender la situación.
– ¿Tú? ¿Casarte?
– ¿Qué hay de malo en que me case?
Ruby pensó en ello mientras Marcus, sentado tras su escritorio, la miraba con paciencia.
– ¿Con la vagabunda?
– Con Rose. Eso es.
– No me lo creo -contestó, totalmente sorprendida.
– No importa si te lo crees o no -respondió, molesto-. Solamente dime lo que tengo que hacer.
Ella se quedó pensativa y bebió otro sorbo de agua.
– Veamos… una boda. Nunca he organizado una, pero puedo hacerlo, ¿Tienes alguna preferencia?
¿Por la iglesia, por lo civil, con pétalos de tosa y damas de honor…?
– Nada. Sólo quiero una boda rápida.
– ¿Cómo de rápida?
– Para mañana.
– ¡Para mañana! -su voz se había transformado en un grito agudo.
– Eso es. El miércoles como muy tarde.
– Pero las licencias, las formalidades, las colas de espera…
– Gasta todo el dinero que necesites, pero hazlo.
– Vaya, qué romántico.
– Ruby… hazlo -dijo mirándola con seriedad.
– Muy bien. De acuerdo -inspiró profundamente y Marcus se dio cuenta de que estaba conteniendo la risa-. ¿Sabemos el nombre de la novia?
– Rose.
– Ya sé que su nombre de pila es Rose, pero vamos a necesitar algo más de información.
Marcus le tendió un papel desde el otro lado del escritorio.
