– Claro. Con un poco de dinero todo se soluciona. ¿Para qué está el dinero, si no? Igual que Charles. Dejas a tu madre con Rose hasta que parece que vas a heredar; después la mandas a la otra parte del mundo. En clase turista, ¡Y cuando se está muriendo! ¡Aunque puedes permitirte mucho más! Pero es que realmente no la quieres. La metes en cualquier residencia de ancianos para que muera sola, asegurándote de que antes cambie su testamento… -se mordió el labio inferior mientras hacía una mueca de dolor.

– Hmmm… Yo no tengo madre -dijo él cautelosamente, consiguiendo que el enfado de la chica aumentara aún más.

– Por supuesto que no. No estaba hablando de ti, sino de los hombres como tú.

– ¿Me estabas etiquetando?

– Sí -respondió ella.

– Comprendo -en realidad, no comprendía nada de lo que estaba pasando. La chica estaba realmente furiosa y él tenía que tranquilizarla si quería sacar algo en claro de todo aquello-. ¿Quién es Rose?

– Yo -dijo ella frunciendo el ceño.

– ¿Tú eres Rose? Hola. Yo soy Marcus.

– Podemos saltarnos las presentaciones. Aún estoy enfadada. Charles, Atila y tú estáis metidos en lo mismo. Pensáis que porque no llevo un traje de Armani no merezco la pena. Y sí, sé que es Armani, no soy estúpida. Nunca conseguiré ver a Charles. He gastado todo mi dinero cuidando a Hattie y enterrándola, y si no logro verlo… -suspiró profundamente, y el dolor se reflejó en su rostro.

Marcus se dio cuenta de que la chica estaba usando el enfado como barrera, pero no estaba funcionando. Sus sentimientos empezaban a salir a la superficie.

– Esto es estúpido -murmuró ella-. Tú te lavas las manos y, de todas formas, tendrás una secretaria como Atila. Aunque yo amenace con demandarte, te dirigirás a tu secretaria y le dirás «Arréglalo. Mantenía alejada de mí».

– Yo no haría…

Pero por supuesto que lo haría.



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