
– No hace falta. No tiene la cadera rota -suspiró ella-. Seguramente habrá dejado de tomar la medicación para el asma. ¿Llevas oxígeno en el Land Rover?
– Me llamaron por una cadera rota y tengo que examinarlo.
– Iré a buscar el oxígeno y te esperaré fuera. Luego iré contigo a la clínica.
Fergus arrugó el ceño. No sabía por qué quería ir con él.
– ¿Y por qué sabes que voy a llevarlo a la clínica?
– No respira bien, está borracho y habrá que hacerle rayos X en la cadera. Por cierto, ¿cómo piensas levantar a Óscar tú sólito?
– Llamaré a una ambulancia.
– Si te refieres a Ern y Bill, que hacen turnos conduciendo la ambulancia de Cradle Lake, están en el partido y se negarán a venir. Especialmente si es para llevarse a Óscar.
Y ésa era la razón por la que él estaba allí, pensó Fergus. Porque cuando recibieron la llamada, nadie más quiso hacerlo.
– Muy bien, de acuerdo. ¿Puedes esperarme fuera?
– Qué magnánimo -sonrió Ginny.
Fergus sonrió también, a pesar de su confusión.
«Ponte a trabajar y no te fijes en su sonrisa», se dijo a sí mismo.
– Venga, muévete -le dijo.
Y ella le hizo un saludo militar.
– Sí, señor.
Capítulo 2
Oscar no tenía una cadera rota, pero Ginny tenía razón: el hombre estaba completamente borracho. Tenía la tensión por las nubes y su respiración era muy elaborada, incluso después de ponerle oxígeno. Fergus comprobó los niveles de saturación en sangre y aceptó lo inevitable.
– Tengo que ir a la clínica, ¿verdad, doctor? -preguntó Óscar, con evidente satisfacción-. Ya le dije que tenía una cadera rota.
– No la tiene rota, señor Bentley. Pero sí, vamos a llevarlo a la clínica. Aunque quizá deberíamos pensar en una residencia o un hospital en Sidney -sugirió Fergus-. A menos que haya alguien que pueda cuidar de usted…
– Eso no va a ser fácil. Óscar no es precisamente popular por aquí -lo interrumpió Ginny-. ¿Cuál es el diagnóstico?
