Los tres se miraron y Fergus vio que Ginny reaccionaba como él. Como lo haría un médico.

– Primero tenemos que estabilizar a Óscar. Miriam, trae una camilla. Ginny, vamos a sacarlo de ahí…

Lo hicieron entre los tres, como lo habrían hecho unos expertos camilleros en cualquier hospital de Sidney.

– Quiero que me metan en una cama -protestó el paciente, pero Fergus estaba ocupado poniéndole una vía.

– Todo en su momento. Necesito una jeringuilla de cinco milímetros…

Levantó la mirada esperando que lo hiciese Miriam, pero era Ginny quien estaba a su lado.

– Miriam está pidiendo refuerzos. Como es la única enfermera de guardia, puede que necesite ayuda. Los de la ambulancia no contestan a las llamadas por radio, de modo que el asunto podría ser grave.

– ¡Métanme en una cama! -insistió Óscar.

– En cuanto podamos. Usted tranquilo.

– Me quedaré con él hasta que compruebe que el nivel de oxígeno en sangre es óptimo -se ofreció Ginny. Pero Fergus vaciló. El sonido de la sirena se acercaba cada vez más…

¿Estaba Ginny Viental cualificada? ¿Como qué?

– ¿Seguro que no vas a asesinarlo?

– No, qué va. Los dos hemos hecho el juramento hipocrático. Una pena.

– ¿Eres médico?

– Sólo por hoy -contestó ella-. Sólo cuando tengo que serlo, así que no empieces a hacerte ideas. Y ahora vete. Déjame con Óscar. Yo me encargaré de que siga respirando.


¿Médico?

Fergus se dirigió hacia la Unidad de Cuidados Intensivos, sorprendido.

De repente, se sentía mucho más tranquilo.

Cuando Molly murió, sencillamente había tomado el camino más fácil. No había querido seguir trabajando en un gran hospital. Mirase donde mirase, había recuerdos de ella. Y en los ojos de la gente veía una compasión que le resultaba intolerable. Un día, mientras realizaba un sencillo cateterismo, a su enfermera le dio por llorar y tuvo que salir de la habitación… dejando a Fergus completamente seguro de que tenía que marcharse.



18 из 86