– Tú puedes arreglarla un poco. Si me quedo en el hospital unos días más tendrás tiempo de hacerlo. No necesito ningún lujo. Puedo quedarme aquí hasta el fin de semana.

Si se iba con él a Cradle Lake tendría que dejar un trabajo que le encantaba. Tendría que cerrar su apartamento… para adecentar una casa que detestaba y vivir en un sitio que siempre había odiado.

Pero al menos ella estaba sana, pensó.

Ginny cerró los ojos, furiosa con la vida. La ira hacía que olvidase el dolor, pero el dolor al final siempre encontraba el camino de vuelta.

Y no podía dejar que su hermano supiera nada de eso.

– ¿Seguro que quieres ir a Cradle Lake? -le preguntó.

– Sí, seguro -contestó él-. Me gustaría sentarme en el porche y…

No pudo terminar la frase. No tenía que hacerlo. Los dos sabían cómo terminaba.

– ¿Vas a hacerlo por mí, Ginny?

– Claro que sí -contestó ella-. Tú sabes que sí.

Siempre había estado a su lado y Richard lo sabía tan bien como ella.

El precio de la vida al final siempre era perder la partida.

Capítulo 1

Había una mujer tirada en medio del camino. El doctor Fergus Reynard se había perdido. Le habían dado un mapa de carreteras, pero aquello era indescifrable. «Tome el segundo camino después del puente», le habían dicho. Y él miraba las huellas de neumáticos sobre el barro intentando descifrar cuál era un camino y cuál no.

En algún sitio cerca de allí, un hombre llamado Óscar Bentley estaba tumbado en el suelo de la cocina con la cadera rota. Necesitaba un médico. A él. Pero el Land Rover que conducía había perdido la tracción trasera en la última curva. El coche había hecho un extraño en el barro y, al intentar corregirlo, se encontró con una mujer tirada en medio del camino.

La mujer no se movía. Estaba tumbada boca abajo. Podía ver unos vaqueros ajustados… tan ajustados que tenía que ser una chica joven. También podía ver unas botas viejas, un chubasquero aún más viejo y una melena de color caramelo.



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