
A la entrada de la aldea el camino se ensombrece bajo un túnel frondoso de castaños de indias. Allí se detuvo el coche, que era un viejo modelo de Renault adaptado, efectivamente, a servicio público y con matrícula de la no muy distante capital de provincia, y el conductor, volviéndose hacia el asiento de atrás, cambió unas palabras con el viajero que traía. Como respuesta a ellas, éste asomó el rostro por la ventanilla, que venía abierta, y llamó con un gesto al primero de los chiquillos, que, recién alcanzada de un salto la cuneta, se había detenido allí agitado y sudoroso a tiempo de presenciar la llegada del taxi. Se miraron de plano y el niño calculó que el viajero podría tener poco más de veinte años. Desde luego nunca se le había visto por allí, eso seguro, ni por las fiestas, y se le notaba, aunque venía en mangas de camisa, un aspecto muy fino. Tenía los ojos como de perro lobo y el pelo liso, muy negro, un poco crecido. En aquel momento se estaba apartando un mechón de la frente con la misma mano larga y delgada que se pasó luego por el cuello y se metió por entre la camisa desabrochada con un gesto de agobio.
– ¡Ven! ¡Te digo a ti! -llamó, en vista de que el chico no atendía a sus señas ni se movía-. Acércate un poco, hombre, haz el favor, que no me como a nadie. El niño miró, como si les pidiera consejo en aquel trance insólito, hacia sus amigos que acababan de saltar también ellos al camino desde el desnivel del monte, y tras una breve vacilación se decidió finalmente a acercarse, aunque sin despegar los labios todavía.
– ¿Sabrías tú decirme, chaval, la casa de Louredo por dónde cae?
El chico le miraba con pasmo, como si temiera no haber entendido la pregunta.
– ¿Louredo? ¿El pazo? -preguntó a su vez. – Sí. Es una casa grande con parque. ¿La conoces?
– Sí, señor, claro.
– ¿Y está lejos de aquí?
El chico hundió los ojos en el túnel espeso, recto y largo que formaban sobre el camino los castaños de indias y señaló hacia el fondo, a un supuesto final que quedaba ofuscado por la penumbra sin que la vista pudiera divisarlo.