
(Veo que has reflexionado sobre todos los aspectos del plan. ¿Por qué no entiendes que es tan necesario como viable?)
—Se enfurecerán —dijo Luet—. Todos nos odiarán. Volemak, Rasa, Issib, Shuya, Shedemei y Zdorab porque les robamos a sus hijos mayores, y los demás porque no dimos a sus hijos la misma ventaja.
(Se enfurecerán, pero los que son mis amigos de confianza pronto comprenderán que era menester que sus hijos fueran mayores y más fuertes. Alterará el equilibrio del poder físico en la comunidad. Os mantendrá a todos con vida.)
—Siempre sabrán que la comunidad se disolvió porque Nafai y yo hicimos algo terrible. Nos odiarán y nos culparán y jamás confiarán de nuevo en nosotros.
(Yo les diré que fue idea mía.)
—Y ellos dirán que tú eres un ordenador y no entendías los sentimientos humanos, pero que nosotros sí, y tendríamos que habernos negado a hacerlo.
(Tal vez deberías. Pero no te negarás.)
—Ya me he negado. Me niego otra vez.
(Te niegas con los labios y con la mente, pero Hushidh lo vio en tu corazón: ya estás preparándote para obedecerme.)
—¡No! —exclamó Luet.
—¿Madre? —preguntó Chveya desde el otro lado de la puerta.
—¿Qué pasa, Veya?
—¿Con quién hablas?
—Hablaba en sueños. Tonterías. Vuelve a dormir.
—¿Padre ya ha regresado?
—Todavía está en la nave con Issib.
—¿Madre?
—Duérmete, Chveya. Va en serio.
Oyó el susurro de las sandalias de Chveya. ¿Qué habría oído la niña? ¿Cuánto tiempo había pasado escuchando frente a la puerta?
(Lo ha oído todo.)
¿Por qué no me has avisado?
(¿Por qué hablabas en voz alta? Oigo tus pensamientos.)
Porque cuando hablo en voz alta pienso con más claridad. ¿Cuál es tu plan, lograr que Chveya lleve a cabo tu complot?
