
Sus dedos trabajaban, aunque él no podía ver lo que modelaban.
Y mientras trabajaban, Kiti dejó de llorar por su fracaso, pues comprendió que había una forma bajo sus manos. Le estaban dando una forma, de una manera de la cual sólo había oído hablar. Cuando niño, jugando a las esculturas con otros niños, había sido siempre el más listo, pero nunca había sentido la intercesión de los dioses en sus manos. Todo lo que modelaba surgía de su mente y sus recuerdos.
Ahora ni siquiera sabía qué era aquello que crecía bajo sus manos. Pero pronto renunció a sus lamentos y temores, y lo vio claro. Era una cabeza. Una cabeza extraña, no de persona ni de diablo ni de ninguna otra criatura conocida. De frente alta y nariz puntiaguda, era lampiña y lisa, y sus fosas nasales se abrían hacia abajo. ¿De qué servía un hocico con esa forma? Los labios eran gruesos y la mandíbula increíblemente fuerte; la barbilla sobresalía como si compitiera con la nariz para conducir a esa criatura hacia el mundo. Las orejas eran redondas y sobresalían en medio de los flancos de la cabeza. ¿Qué clase de criatura estoy esculpiendo? ¿Por qué algo tan feo crece bajo mis manos?
De pronto, la respuesta acudió a su mente. Es un Antiguo.
Le temblaron las alas mientras sus manos, seguras y fuertes, continuaban modelando los detalles del rostro. Un Antiguo.
