– Que? -Confundida, ella miró por sobre el hombro, y luego cayó en que la sonrisa lasciva de Baxter era para ella. -Eres un hombre enfermo, Baxter. Es tranquilizador ver que algunas cosas no cambian.

– Tú eres la que está totalmente cambiada. -El se puso de pie, rodeando los escritorios. -Bonito -agregó, acariciando la solapa de ella con los dedos. – Eres un verdadero muestrario de modas, Dallas. Para vergüenza del resto de nosotros.

– Es sólo una chaqueta -murmuró ella, mortificada. -Córtala.

– Te has bronceado, también. Te hicieron un trabajo de cuerpo completo?

Ella le mostró los dientes en una sonrisa feroz. -Quieres que te patee el culo?

Divirtiéndose, él apuntó con el dedo. -Y que es eso en tus orejas?-Cuando ella levantó la mano, confundida, él parpadeó como sorprendido. -Vaya, me imagino que esos son pendientes. Y son realmente bonitos también.

Ella había olvidado que los tenía puestos. -Quieres decir que los criminales de repente han parado de matar mientras yo estaba fuera por lo que pierdes tu tiempo parado aquí criticando mi guardarropas?

– Sólo estoy deslumbrado, teniente. Absolutamente deslumbrado desde tu impactante presentación. Botas nuevas?

– Muérdeme. -Ella se volvió y siguió su camino ante la sonrisa de él.

– Y ella ha vuelto! -anunció Baxter con un aplauso.

Cretinos, pensó ella cuando se dirigía a su oficina. El Departamento de Policía y Seguridad de New York estaba poblado por un manojo de cretinos.

Jesús, como los había extrañado.

Entró en su oficina, y se paró en seco, apenas un paso más allá del umbral, parpadeando.

Su escritorio estaba despejado. Más aún, estaba limpio. De hecho, el lugar entero estaba limpio. Como si alguien hubiera venido y chupado todo el polvo y la mugre y luego hubiera lustrado lo que quedaba detrás. Con sospecha, pasó un pulgar por la pared. Sí, era definitivamente pintura fresca.



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