
Flora se quedó seria recordando la entrevista en el banco. Matt no debía tener la menor idea de lo brutales que podían ser los gerentes bancarios. Él podía pedir prestados millones y hasta perderlos sin que nadie le humillara y le obligara a dar explicaciones. La vida no era justa.
– ¿Así que piensas ahorrar ese enorme salario que crees que voy a pagarte?
Aquello no era muy prometedor para Flora, pero sin duda ambos no tenían un concepto similar de lo que era un buen salario.
– Eso pretendo -explicó-. Aunque ahorrar no es lo mío. Pero esta vez tengo un plan, así que igual lo consigo.
– ¿Y en qué consiste ese plan?
– Ya te he dicho que quiero viajar.
– Ya, pero, ¿dónde? -Matt siempre se ponía nervioso con las ideas vagas de los demás.
– ¡A todas partes! -exclamó Flora y Matt suspiró.
– Muy específico -dijo.
Flora ignoró la acidez de su tono.
– Es que es así -explicó y de nuevo sus manos abandonaron la calma de su regazo para moverse en el aire, acompañando su entusiasmo-. Quiero conocerlo todo. Hay un mundo esperándome. Sólo he viajado por Europa. Pero quiero subir montañas y atravesar selvas y desiertos. Quiero tumbarme en playas desiertas a escuchar el oleaje. Quiero ver cómo corren las jirafas por la sabana. Necesito nuevos olores, nuevos sabores…
Se detuvo ante la expresión poco convencida de su audiencia.
– Supongo que pensarás que es mejor buscar un buen trabajo, adecuado como dice mi banquero -dijo a la defensiva.
Matt se encogió de hombros, incapaz de reconocer que envidiaba el celo y la alegría de su rostro soñador.
– Pienso que eres una romántica -dijo y sonó como un insulto.
Flora pareció abatida:
– Eso dice Seb.
– ¿Quién es Seb?
– Mi novio. O debería decir mi ex-novio -se corrigió con un gesto duro-. Hemos estado juntos desde la universidad, pero nos peleábamos tanto sobre el futuro que decidimos ser sólo amigos. Seb no entiende que quiera irme un par de años a viajar -continuó ante el silencio de Matt-. Es muy ambicioso, y cree que es una locura largarse cuando uno debe empezar su carrera.
