
– Parece un hombre inteligente -dijo Matt, aunque se preguntó cómo un hombre inteligente se conformaba con ser amigo de una chica como Flora.
– Ya sabía que dirías eso -Flora había olvidado con quién hablaba-. Te entenderías muy bien con Seb, pero yo quiero vivir un poco. Me decepcionó cuando decidió quedarse en Londres, pero ahora me parece que estoy mejor sola.
Matt miró un instante por la ventana.
– ¿Así que no tienes ningún compromiso?
– Hasta que encuentre a alguien dispuesto a dejarlo todo para seguirme, lo que es improbable.
– Me alegra oírlo -dijo Matt.
El corazón de Flora se sobresaltó y preguntó tontamente:
– ¿Por qué?
– Necesito una secretaria que esté en la oficina el tiempo que sea necesario y que esté dispuesta a dejarlo todo para acompañarme a un viaje sorpresa, sin un novio que se pase el día quejándose de que llega tarde -dijo en tono despectivo-. No quiero distracciones sentimentales. Si trabajas para mí, Flora, espero ser tu prioridad número uno.
¿Qué había esperado? ¿Que la quisiera por su cara bonita? Una decepción ridícula se apoderó de Flora y tuvo que alzar la barbilla para no mostrar su frustración.
– Pagar mis deudas para poder marcharme es mi prioridad -dijo con firmeza-. Puedes ser la segunda prioridad, en todo caso.
Sorprendido, Matt la miró y Flora se estremeció un poco, segura de que había ido demasiado lejos, pero después de unos instantes él se echó a reír.
– Tienes valor, desde luego.
Esta vez le tocó a Flora mostrarse desconcertada. Atónita sería más apropiado. Pues la risa le transformó por completo, disolviendo la mirada dura de sus ojos verdosos y creando arrugas nuevas en su rostro. Tenía unos dientes muy blancos y fuertes, y su sonrisa era tan devastadora e inesperadamente encantadora que tuvo que tomar aire para recuperar el equilibrio.
