Era obvio que Matt no la creía.

– No me pareces una secretaria de primera -dijo brutalmente.

– Ya sabe lo que dicen sobre las apariencias -replicó Flora con frialdad.

– Pues no -dijo él y abrió su maletín para buscar el informe que Paige le había hecho sobre su amiga inglesa-. ¿Qué dicen?

– Ya sabe, lo engañosas que pueden ser -insistió Flora.

Aquello le obligó a mirarla. Flora siempre se había preguntado qué era una mirada penetrante, pero allí la tenía. Sintió que la mirada fría la estaba horadando el cerebro.

– Sin duda engañan, si lo que quieres decirme es que alguna otra compañía de reputación te ha contratado como secretaria del presidente -dijo con voz cortante-. Basta mirarte. Tienes el pelo revuelto, llevas una chaqueta arrugada, tu falda es demasiado corta y nunca, nunca, he visto a una secretaria venir al trabajo con una camiseta sin mangas.

Flora se inclinó hacia adelante.

– Bueno, usted sabrá más que nadie sobre apariencias engañosas -replicó-. Paige me dijo que era un hombre muy simpático y que era agradable trabajar con usted.

Durante unos segundos, Matt no pudo creerse lo que había oído. Las secretarias solían quedarse boquiabiertas ante él, algunas incluso temblaban, pero ninguna se había atrevido nunca a responderle en ese tono.

– No me dijo que fueras una impertinente -dijo en tono amenazante.

– Tampoco me dijo a mi que carecía de sentido del humor -replicó Flora sin poder evitarlo, mirándolo con desafío.

– ¿Quieres o no este trabajo? -preguntó Matt.

Flora se acordó entonces de su amiga, un poco tarde. Paige la había llamado para decirle que no podía desplazarse a Inglaterra y le había suplicado:

– Por favor, Flora. Mamá entra en el hospital la semana que viene y suponiendo que todo vaya bien, no podrá valerse en dos o tres meses. No puedo dejarla sola, y el señor Davenport quiere estar en Europa para cerrar un negocio y necesita una secretaria.



5 из 126