
– Entonces, ¿para qué necesita alguien con tanto nivel a su lado? -aprovechó Flora, provocando un suspiro de impaciencia.
– Porque -dijo el hombre con una tensión inconfundible -si hubieras trabajado para alguien con similar posición, sabrías la importancia de la eficacia y la discreción y la necesidad de ambas para protegerme y representarme ante el mundo. No mejoraría mi reputación tener a alguien como tú en la puerta de mi oficina. No proyectas la imagen adecuada, no sé si me explico.
– ¿Por qué? -se ofendió Flora.
– Es demasiado -Matt hizo un gesto vago-… relajada -dijo al azar.
– Estoy segura de que puedo tener una apariencia tensa y frustrada si me empeño -dijo Flora y al instante puso sus manos ante ella como pidiendo perdón-. Es una broma.
– No necesito una secretaria bromista -dijo Matt sin sonreír-. Tengo que confiar en alguien que va a escribir documentos confidenciales. Nada de lo que has dicho o hecho me muestra que tengas las cualidades requeridas.
– No lo sabrá a menos que pruebe -dijo Flora, intentando compensar su última metedura de pata-. En serio, puedo hacer el trabajo. Sé tomar notas y conozco casi todos los programas al uso. Aprendo rápido y no me importa trabajar duro, mientras no sea durante demasiados meses -añadió con escrupulosa sinceridad-. Pero eso da lo mismo, pues sólo me necesita tres.
– ¿Y qué cualidades, aparte de esa capacidad extraordinaria para trabajar tres meses seguidos, puedes ofrecerme? -preguntó Matt sin molestarse en disimular la ironía.
– Hablo francés muy bien -dijo-. Y también alemán, aunque peor.
Matt estuvo a punto de manifestar su sorpresa.
– ¿Qué más?
Flora se quedó pensativa, buscando las habilidades que podrían impresionarlo. La capacidad de disfrutar de la vida no debía ser gran cosa para él. Sabía hablar con la gente, preparar gin tonics y se podía confiar en ella para que la fiesta arrancara y siguiera toda la noche, pero ninguna de aquellas cualidades era apropiada.
