
Casi mareada por el alivio, Hayley ahogó una risita y decidió ignorar el lenguaje de Winston. Antes de que ninguno de los dos sirvientes pudiera ayudarla, saltó del asiento de la calesa y se acercó cautelosamente al animal. Era inmenso, pero ella todavía no se había encontrado con ningún caballo que no pudiera seducir. Cuando llegó a su lado, cogió las riendas que colgaban sobre la silla.
– ¡Qué bonito eres! -dijo con dulzura, alargando el brazo para acariciar la aterciopelada nariz del semental-. Eres el caballo más bonito que he visto nunca, y mira que he visto y acariciado caballos en mi vida. ¿Qué haces aquí tan solo? ¿Quién es tu dueño?
El animal restregó el hocico contra la palma de la mano de Hayley y relinchó. Ella acarició las magníficas y resplandecientes crines del animal para que éste se fuera habituando a su olor.
Cuando el animal empezó a respirar más lentamente, Hayley llamó a los sirvientes sin levantar la voz:
– Grimsley, traiga la lámpara, por favor. Y, Winston, sostenga las riendas mientras exploro al animal.
– Miren aquí -dijo Hayley poco después mientras se agachaba-. Tiene sangre en la pata delantera. -Le palpó la herida con delicadeza. El caballo levantó y bajó bruscamente la cabeza e intentó alejarse, pero Winston lo retuvo.
– ¿Es grave? -preguntó Grimsley, atisbando por encima del hombro de Hayley.
– No, gracias a Dios. Necesita tratamiento, pero no tiene la pata rota. -Se puso en pie y le cogió la lamparita a Grimsley. El caballo tenía varios rasguños en el flanco derecho y la cola llena de hojas y ramitas.
– Parece como si hubiera corrido atropelladamente por el bosque -dijo Hayley pensativa-. Es un hermoso ejemplar y es evidente que está bien cuidado. Los rasguños son recientes y está ensillado, pero no hay ninguna casa en bastantes kilómetros a la redonda. Ha debido de tirar al jinete. -Se volvió hacia la espesura. Mirando en dirección a la oscuridad, se apretó una mano contra el nudo que se le estaba haciendo en la boca del estómago e hizo de tripas corazón para luchar contra el miedo-. Deberíamos buscar al jinete. Podría estar malherido.
