– Bien. ¿Todavía vives con los jugadores de fútbol?

– No. Ahora vivo sola, lo cual es mucho mejor. Cuando aquellos dos se peleaban, se ponían imposibles.

No se había casado. David se dijo que aquella información no debería importarle, pero aun así, le gustaba saberlo.

– ¿Y tú? ¿Cómo te va el trabajo de espía?

– He estado mejorando la tinta invisible.

– ¿Y qué tal funciona?

– Muy bien. Pero mi trabajo desaparece siempre.

– Eso puede ser un gran problema.

David seguía siendo el mismo, pensó Liz alegremente. Encantador, agradable… pero parecía distinto. Más duro, más fibroso, más peligroso. Sus ojos oscuros contenían secretos. Estaba haciendo bromas sobre la tinta invisible, pero ella sospechaba que la verdad de su trabajo haría que se estremeciera de miedo.

Él le rozó el brazo y ella sintió que el calor de aquel roce le recorría el cuerpo hasta los dedos de los pies.

– ¿En qué estás pensando? -le preguntó David-. Te has puesto muy seria de repente.

Ella apretó la copa e intentó relajarse.

– En ti. Cuando estaba preparando mi viaje, me preguntaba si estarías aquí. Pensé en buscarte, pero… -Liz se encogió de hombros-. Sólo fue una tarde…

Él la miró fijamente a los ojos.

– Fue mucho más que eso.

A Liz se le encogió el estómago. Para ella también había sido mucho más.

– A veces pensaba que me lo había imaginado todo -admitió-. Que en realidad, no habíamos conectado tan rápidamente.

– Fue real.

David se acercó un poco más a ella. Lo suficiente como para que a Liz se le entrecortara la respiración y pensara en besarlo, en acariciarlo y en que él la acariciara, en todas las habitaciones vacías de aquella enorme embajada y en cómo podrían…

Liz se apartó aquellas ideas de la cabeza y respiró profundamente. Había llegado la hora de pensar con claridad.

– Bueno -dijo, intentando hablar en tono alegre-. ¿Y cómo está la señora Logan?



18 из 138