Dante observó su rostro, leyéndolo sin dificultad, y su mirada se ensombreció. Alzóla mano para llamar al camarero, y cuando Ferne levantó la vista se encontró con que Dante estaba sirviéndole una copa de champán.

Pensé que lo necesitarías después de todo dijo.

– Sí murmuró ella. Quizá sea así.

– ¿Y qué hacía un actor de cine actuando en una obra de teatro? preguntó Dante.

Pensaba que la gente no le tomaba en serio.

¡Que Dios nos asista! Uno de ésos que necesitan ser respetados.

Lo tienes calado rió Ferne. ¿Seguro que no lo conoces?

No, pero he conocido a muchos como él. Algunas de las casas que vendo pertenecen a ese tipo de personas… «pagadas de sí mismas», creo que se dice en inglés.

Así es. Alguien lo convenció de que, si hacía algo de Shakespeare, todo el mundo quedaría impresionado, así que accedió a protagonizar Marco Antonio y Cleopatra.

¿Haciendo el papel de Marco Antonio, el gran amante?

Sí. Pero creo que, en parte, lo que le decidió fue el hecho de que Marco Antonio perteneciese a la antigua Roma, porque tenía que llevar túnicas cortas que mostraban sus piernas desnudas. Tiene unas piernas estupendas. Incluso pidió a vestuario que las hiciesen unos centímetros más cortas para enseñar los muslos.

Dante se echó a reír.

Me da a mí que no tienes el corazón destrozado dijo Dante, mirándola con intención.

Pues la verdad es que no respondió ella rápidamente. Era ridículo, de veras. Era el mundo del espectáculo. O la vida.

¿Qué quieres decir?

Todo es una actuación de un tipo u otro. Vivimos fingiendo que algo es cierto cuando no lo es, o que no es cierto cuando sabemos que sí lo es.

Él la miró de modo extraño, como si sus palabras le recordasen algo. Parecía a punto hablar, pero no lo hizo. Ferne tuvo la impresión de que se había levantado una esquina de la cortina de su mente para luego caer de golpe.



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