– De acuerdo.

La llamada fue breve.

Cuando terminó, Collin aceptó un vaso de whisky y se sentó en un sillón.

– Nos mandarán un informe completo por la mañana, pero es algo que tiene que ver con Tecnologías Ellias.

Reed reconoció el nombre de la empresa.

– Ese fue un negocio de Gage. Él pensó que iban a tener éxito, así que ambos invertimos.

Pero no podía creer que Gage Lattimer, su amigo y vecino, hubiera recomendado unas acciones basadas en el tráfico de información confidencial.

Luego Reed volvió a pensar en el tema, pensando en voz alta.

– Subieron rápido. Sobre todo cuando aquel sistema de navegación…

Una luz se le encendió a Reed en la cabeza de repente.

– ¿Qué? -preguntó Collin.

– Kendrick.

– ¿El senador?

Reed asintió.

– Maldita sea. ¿Cuánto quieres apostar a que él estaba en el comité de aprobación?

– No en el que adjudicó el contrato de navegaciones.

– Sí… -Reed tomó un sorbo de whisky-. Ese.

Collin juró entre dientes.

Reed sentía lo mismo. No había hecho nada malo, pero si Kendrick estaba en el comité de aprobación, daría esa impresión.

– Yo compro acciones en Ellias -pensó Reed en voz alta-. Kendrick, quien, como todo el mundo sabe, es un defensor de mi compañía Envirocore.com, aprueba un lucrativo contrato a favor de Ellias. Las acciones de Ellias suben. Yo hago unos cuantos cientos de miles de dólares. Y, de pronto, el Organismo regulador está involucrado.

– Te has olvidado de un paso -dijo Collin.

– De la persona que hizo el chantaje -replicó Reed.

Si la persona que había hecho el chantaje era el que había alertado al Organismo regulador, entonces Reed no se lo había tomado lo suficientemente en serio.



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