
La persona que había hecho el chantaje obviamente tenía información sobre la cartera de acciones de Reed. También sabía que Reed era el dueño de Envirocore.com. Y sabía que Kendrick estaba en el comité de aprobación del contrato del sistema de navegación del Senado. Además, el extorsionador sabía cómo juntarlo todo para hacer daño a Reed.
Aquello no era ninguna tontería.
Collin miró el cuadro que tenía en frente.
– Nadie en su sano juicio va a pensar que tú has infringido la ley por unos pocos miles de dólares -dijo Collin.
– ¿Estás bromeando? Mucha gente disfrutaría viendo caer a un rico de toda la vida de su pedestal.
– ¿Puedes demostrar que eres inocente?
– ¿Probar que una llamada telefónica, una reunión o un correo electrónico no tuvo lugar? No sé cómo puedo hacer eso.
– ¿Llamaste a la policía cuando te enviaron la carta con el chantaje?
– No. Archivé la carta con todo lo demás.
Había sido un error, evidentemente.
– ¿Quieres llamarlos esta noche?
Reed asintió.
– Será mejor salir al ruedo.
Capítulo Dos
La fiesta en el Grande Hotel Bergere estaba en todo su apogeo el sábado por la noche. A los invitados se les había servido una cena de gourmet en la Sala de cristal, y ahora se estaban moviendo por el edificio de columnas de mármol hacia el salón de baile para tomar cócteles y bailar.
Elizabeth había visto a Collin acercarse, así que rápidamente ella se había ido al aseo.
Sabía que algún día tendría que encontrárselo y mirarlo a la cara, pero estaba postergando el momento todo lo que podía. No quería pensar en lo que se le había visto con aquella bata roja.
Salió del aseo después de refrescarse, peinarse y retocarse el maquillaje y aceptó una copa de champán de un camarero muy elegante. Luego se concentró en una serie de objetos a subasta que había en el camino al salón de baile principal. Quería darles a Collin y a Reed el tiempo suficiente para que terminasen la conversación.
