– De acuerdo. Dijo «Tengo una reunión con Collin. Volveré dentro de una hora. Deberías ocuparte del menú de la fiesta de aniversario» -ella estaba empezando a odiar ese menú.

– Oh -susurró Hanna.

Elizabeth miró el salón principal.

– Vayamos al bar.

– Sí -respondió Hanna.

– Hay momentos en la vida en los que una mujer, definitivamente, necesita tomar un par de copas.

Miraron hacia el salón de baile principal. Elizabeth quería darse prisa y desaparecer, pero se vio obligada a caminar cuidadosamente con su vestido de fiesta plateado.

– Vannick-Smythe… -le advirtió Hanna en voz baja.

Elizabeth miró hacia su vecina cotilla, Vivian, y ésta la vio.

– Uh… Oh… Nos ha visto-dijo.

Hanna inclinó la cabeza.

– Finge que estamos totalmente sumergidas en la conversación.

– De acuerdo.

– Me sorprende que no haya traído a sus perros -dijo Hanna, refiriéndose a los perros de raza de Vivian Vannick-Smythe.

Los dos perros estaban constantemente al lado de su ama y hacían juego con el cabello teñido de la mujer.

– Supongo que no ha podido meterlos en la lista de invitados -especuló Elizabeth.

Hanna se rió.

– Oh… Aquí viene -dijo. Luego subió el tono de su voz al nivel de la conversación-. ¿Y qué piensas del golpe político de ayer en Barasmundi?

Elizabeth rápidamente se metió en el juego.

– No creo que una mujer pueda mantener el poder en Africa Occidental -resistió las ganas de mirar a Vivian, ya que la mujer se había detenido a su lado-. Pero si Maracitu gana las elecciones, podría conseguirse cierta estabilidad en el norte, quizás inspiraría a los líderes tribales a participar en las reglas democráticas.

Hanna era presentadora de noticias en la televisión, y una persona muy interesada por la política. Elizabeth suponía que su plan era hacer que la conversación fuera lo más inaccesible posible para Vivian.



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