Nunca, ninguna vez, habían visto un cuerpo parcialmente comido, con huellas de patas, y piel de perro y dicho, "¡Mi Dios, tenemos a un werewolf!" Incluso los tipos raros que creían en werewolves no veían tales asesinatos como matanzas de werewolfs. Estaban demasiado ocupados buscando bestias enloquecidas, medio humanas que aúllan a la luna llena, bebés robados de sus cunas, y huellas dejadas al azar que misteriosamente cambian de patas a pies. De modo que cuando leí algo como esto, tuve que preocuparme del resto de la información que el tipo vendía.

La parte de “los medios de comunicación son bienvenidos” me preocupó también. Casi todos los mensajes en believe.com terminaban con “los medios de comunicación no necesitan informarse". Aunque los vendedores fingieran que la advertencia era supuestamente para desalentar a los periodistas de los periódicos populares que destrozarían sus historias, realmente estaban preocupados de que un reportero legítimo los pudiera sacar a la luz y humillarlos. Cuando iba a investigar tales reclamaciones, usaba el aspecto de ser un miembro de una sociedad paranormal. Esta vez, ya que el vendedor no tenía ningún problema con los medios, pretendí ser una periodista, lo que no era en su mayor parte una exageración, ya que era mi profesión, aunque mi trabajo típico fueran artículos a medio tiempo acerca de los políticos canadienses, lo cual evidentemente nunca incluía ninguna mención de fenómenos demoníacos, aunque eso pudiera explicar la subida de los neo-conservadores.


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Una vez en Pittsburgh, agarré un taxi, me registré en un hotel, dejé mis maletas y me dirigí a la reunión. Se suponía que me encontraría a la vendedora, Sra. Winterbourne, – afuera de un lugar llamado Té para Dos. Era exactamente lo que parecía, una tienda cursi que se vendía té pasado el medio día y almuerzos ligeros. El exterior era de ladrillos blanquecinos adornados con rosa pálido y azul. Filas de antiguas teteras se alineaban en los alféizares.



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