
– Se lo agradezco. Le entregaré los trabajos cuando lo hagan los otros alumnos, por supuesto.
Una mujer joven entró con paso ligero en el salón. Tendría unos treinta años, y llevaba un vestido mandarín negro y sandalias de tacón alto. Cogió el jamón y lo puso sobre la mesita de centro.
– Fengfeng, mi muy eficiente hija -explicó Bian-. Presidenta de una empresa conjunta sinoamericana.
– Una hija muy poco considerada -añadió Fengfeng-. He estudiado administración de empresas en vez de literatura china. Gracias por elegir a mi padre como profesor, inspector jefe Chen. Tener un alumno famoso le alimenta el ego.
– No, es un honor para mí.
– Le va de maravilla en la policía, inspector jefe Chen. ¿Por qué quiere hacer este curso? -preguntó la joven.
– La literatura no tiene resultados prácticos -interrumpió el anciano, mofándose de sí mismo-. Ella, por el contrario, ha comprado este piso que yo nunca hubiera podido pagar. Así vivimos aquí: un país con dos sistemas.
«Un país con dos sistemas» era el lema político inventado por el camarada Deng Xiaoping para describir la coexistencia de la China continental socialista con el Hong Kong capitalista después de 1997. En este caso, la expresión se refería a una familia cuyos miembros ganaban dinero procedente de dos sistemas distintos. Chen comprendía que la gente cuestionara su decisión, pero intentaba no preocuparse demasiado por ello.
– Es como un camino intransitado, resulta tentador pensar en él durante esas noches en las que nieva sin cesar -explicó-, y también alimenta el ego si lo ves como alternativa profesional.
– Quisiera pedirle un favor -dijo Fengfeng-. Mi padre no va a la universidad cada día porque tiene diabetes y la tensión alta. ¿Le importaría asistir a clase aquí?
