
– Claro que no, si a él le resulta más cómodo.
– ¿No recuerda la cita de Gao Shi? -preguntó Bian-. «Desgraciadamente, los eruditos son los más inútiles.» Aquí estoy, un viejo que sólo es capaz de «diseccionar insectos» en casa.
– «La importancia de la literatura perdura mil otoños» -afirmó Chen, citando otra frase como respuesta.
– Vaya, su pasión por la literatura es evidente. Como reza el proverbio chino, los que sufren la misma enfermedad se compadecen mutuamente. Claro que usted puede que tenga que preocuparse de su «enfermedad sedienta» particular. Usted es un poeta romántico, según tengo entendido.
Xiaoke zhi ji, o «enfermedad sedienta». Chen había oído la expresión alguna vez en relación a la diabetes, enfermedad que provoca sed y cansancio en quien la sufre. Bian, que se expresaba de forma curiosa, se había referido sutilmente tanto a su diabetes como a su sed de literatura, pero ¿qué tenía eso que ver con el hecho de que Chen fuera un poeta romántico?
Cuando volvió a meterse en el coche que lo esperaba fuera, Chen pilló a Pequeño Zhou examinando a una modelo desnuda en un ejemplar dePlayboy de Hong Kong. La expresión «enfermedad sedienta» en la China antigua, recordó de pronto Chen, podría haberse empleado como metáfora de la pasión romántica no correspondida de un hombre joven.
Por otra parte, no estaba demasiado seguro de ello. Podría haber leído la expresión en algún sitio, y haberla confundido con otras asociaciones irrelevantes. Durante el trayecto en coche, Chen se dio cuenta de que volvía a pensar como un policía, por querer buscar una explicación al uso de la expresión que había hecho el profesor Bian. El inspector jefe hizo un gesto de incredulidad con la cabeza al ver de pronto su expresión de desconcierto en el espejo retrovisor.
A pesar de todo, Chen estaba contento. La perspectiva de empezar el curso de literatura cambiaba mucho las cosas.
