Podría ser uno de esos casos «políticamente delicados» que no se solían comentar en el Departamento. Chen notó que la boca se le ponía amarga.

– ¿Ha oído hablar del caso del complejo residencial de la manzana nueve oeste?

– ¿La manzana nueve oeste? Sí, el complejo residencial de Peng Liangxin, en una de las mejores zonas del centro de la ciudad. He leído algún artículo sobre el asunto.

En la reforma que se estaba llevando a cabo en China, algunas de las oportunidades comerciales más increíbles habían surgido en el sector de la construcción. Tiempo atrás, cuando el Estado controlaba toda la tierra, la asignación de viviendas dependía de comités estatales. Al propio Chen le habían asignado una habitación a través de la cuota del Departamento, pero a principios de la década de 1990 el Gobierno empezó a vender terrenos a los empresarios emergentes. Peng -apodado el Bolsillos Llenos Número Uno de Shanghai- era uno de los primeros constructores que más se enriquecieron. Dado que los funcionarios del Partido decidían los precios de los terrenos y su asignación, los corruptos pululaban como moscas en busca de sangre. A través de sus contactos, Peng obtuvo el permiso gubernamental necesario para comenzar a urbanizar la manzana nueve oeste. Tuvieron que derribar los viejos edificios de la zona para poder construir los bloques nuevos, y Peng expulsó a los vecinos que vivían allí. Sin embargo, la gente empezó a quejarse de los «agujeros negros» en la operación comercial, y no tardó en estallar el escándalo.

Pero ¿qué podía hacer Chen? Obviamente, en un proyecto tan descomunal como el de la manzana nueve oeste habría bastantes funcionarios involucrados. Podía convertirse en un caso importante, de consecuencias políticas desastrosas. La minimización de daños, supuso Chen, sería probablemente la tarea que pensaban encomendarle.



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