
– Sí, creemos que usted debería investigar el caso. Especialmente a Jia Ming, el abogado que representa a esos vecinos.
– ¿Jia Ming? -Chen estaba aún más sorprendido. No conocía ningún detalle sobre el caso de corrupción. Había oído decir que Jia era un abogado de éxito, pero ¿por qué tendría que investigar a un abogado?-. ¿Es el abogado que defendió el caso de Hu Ping, el escritor disidente?
– El mismo.
– Director Zhong, lo siento muchísimo. Me temo que no puedo ayudarlo con su caso. -Chen proporcionó de inmediato una excusa, en lugar de negarse abiertamente-. Me acabo de inscribir en un máster especial en la Universidad de Shanghai. Literatura clásica china. Es preciso dedicar las primeras semanas al estudio intensivo, así que no tendré tiempo para nada más.
Más que una mera excusa improvisada, era una posibilidad que Chen contemplaba desde hacía tiempo. En realidad, aún no se había inscrito, pero había acudido a la universidad para hacer algunas consultas preliminares sobre el curso.
– Está de broma, camarada inspector jefe Chen. ¿Y qué hay de su trabajo policial? ¡Literatura china clásica! No tiene nada que ver con su profesión. ¿Acaso quiere cambiar de empleo?
– Estudié literatura en la universidad, literatura inglesa. Para ser un investigador competente en la sociedad actual, es preciso adquirir tantos conocimientos como sea posible. Este curso incluye clases de psicología y de sociología.
– Bien, es aconsejable que amplíe su horizonte intelectual, pero no creo que disponga del tiempo necesario, dado su cargo.
– Es algo así como un arreglo -repuso Chen-, Unas cuantas semanas de estudio intensivo en aulas, como los otros estudiantes, y luego sólo hay que entregar trabajos. Después el plan de estudios se adapta a mi horario laboral.
No era del todo cierto. Según el folleto informativo que había cogido en la universidad, las semanas de estudio intensivo no tenían por qué iniciarse de inmediato.
