– Esperaba persuadirlo. Un destacado camarada del Gobierno municipal me sugirió que hablara hoy con usted.

– Prestaré mucha atención al caso en la medida en que me sea posible -afirmó Chen para guardar las apariencias ante Zhong. No quería que éste le hablara del «destacado camarada», fuera quien fuera.

– Estupendo. Pediré que le envíen el expediente del caso -añadió Zhong, tomándose el comentario como una concesión por parte del inspector jefe.

Después, Chen pensó con frustración que debería haberle dicho claramente que no.

Tras colgar el teléfono, Chen cayó en la cuenta de que necesitaba descubrir cuanto le fuera posible sobre el caso de la manzana nueve oeste, así que empezó a hacer llamadas de inmediato. Su corazonada resultó ser cierta: ésta era una investigación que debería haber evitado.

Peng Liangxin, el promotor inmobiliario, se había iniciado en el mundo de los negocios como vendedor ambulante de empanadillas, pero no tardó en exhibir una destreza extraordinaria a la hora de crearse una red de contactos. Supo cuándo y dónde entregar sobres rojos con dinero bajo mano a los altos cargos del Partido y, a cambio, el Partido lo ayudó a convertirse en multimillonario en sólo cuatro o cinco años. Peng adquirió los terrenos de la manzana nueve oeste sirviéndose de numerosos sobornos y de la presentación de un plan económico para mejorar las condiciones de los residentes. Después, gracias al permiso gubernamental que le concedía los terrenos, el promotor obtuvo los créditos bancarios necesarios para empezar a construir sin tener que poner ni un céntimo de su bolsillo. A continuación amedrentó a los vecinos hasta hacerlos abandonar sus viviendas sin apenas compensarlos. A las pocas familias que se resistieron las denominó «familias clavo», y las arrancó por la fuerza, como si de clavos se tratase, tras contratar a un grupo de matones de la Tríada. Varios vecinos fueron agredidos brutalmente en una especie de «campaña de demolición».



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