
Según se decía, muchos de los problemas de Peng guardaban relación con su apodo. Había muchas personas ricas en la ciudad, algunas posiblemente más ricas que él, pero casi todas se esforzaban por no llamar la atención. Peng se había vuelto engreído a causa de su éxito fulgurante, y le encantaba que lo llamaran el Bolsillos Llenos Número Uno de Shanghai. A medida que la brecha entre ricos y pobres aumentaba, los ciudadanos expresaban con mayor contundencia su frustración contra la corrupción generalizada, y contra Peng en particular por ser uno de sus principales representantes. Como reza un proverbio chino, el pájaro que saque la cabeza recibirá un disparo.
La situación se complicó aún más cuando el ilustre abogado Jia Ming decidió representar a los vecinos. Gracias a su experiencia legal, Jia no tardó en descubrir nuevos abusos en la fraudulenta operación comercial, en la que estaban involucrados de lleno no sólo Peng, sino también sus contactos del Gobierno. El caso empezó a tener una gran repercusión, y a los funcionarios del Gobierno municipal les comenzó a preocupar que se les fuera de las manos. Tras la detención de Peng, las autoridades anunciaron que no tardaría en celebrarse un juicio justo y abierto al público.
Chen frunció el ceño al ver que recibía otro hoja de fax. El fax decía que algunos agentes del Departamento de Seguridad Interna habían estado investigando a Jia en secreto. El caso de corrupción se vendría abajo si lograban crearle problemas, pero sus esfuerzos no habían obtenido el éxito esperado.
