Chen arrugó la página y se consideró afortunado por haber dado antes una excusa. Al menos podría alegar que no se quiso comprometer debido al máster especial que pensaba cursar.

Y realmente se le había presentado una oportunidad gracias al curso especial concebido para los cuadros emergentes del Partido, supuestamente demasiado ocupados en asuntos más importantes; por ello se les permitía obtener un título universitario en mucho menos tiempo.

El curso también le interesaba por otras razones. A juzgar por las apariencias, Chen había progresado con suma facilidad en su carrera profesional. Era uno de los inspectores jefe más jóvenes del Cuerpo, y el candidato con más probabilidades de suceder al secretario del Partido Li Guohua como cargo principal del Partido en el Departamento de Policía de Shanghai. Con todo, Chen no había elegido su profesión, no cuando aún estudiaba en la universidad. Pese a su éxito como policía, del que él era el primer sorprendido, y pese a haber resuelto varios casos «de gran importancia política», Chen se sentía cada vez más frustrado con su trabajo. La resolución de varios de estos casos no había satisfecho sus expectativas como policía.

Confucio dice: «Hay cosas que un hombre hará, y cosas que un hombre no hará». Por desgracia, Chen no disponía de directrices claras en una época de transición tan convulsa como la que estaba atravesando su país. En el curso, reflexionó, podría aprender a pensar desde otra perspectiva.

Así, aquella mañana Chen decidió visitar al profesor Bian Longhua, de la Universidad de Shanghai. El curso fue una excusa improvisada cuando habló con Zhong, pero no tenía por qué seguir siéndolo.

Por el camino compró un jamónJinhua envuelto en papel tung especial, según una tradición que se remontaba a los tiempos de Confucio.



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